Malditos Bastardos: El Photocall

La organización del Festival de Cine de San Sebastián había preparado un “photocall” con Quentin Tarantino y Brad Pitt para las seis de la tarde del 18 de Septiembre. Casi una hora antes decenas de periodistas gráficos esperaban frente a una de las puertas dobles del centro Kursaal para acceder a la sala donde se harían las fotografías.

En un momento dado la organización decidió que los periodistas entraran por otro lado y les hizo moverse para que esperaran en otro extremo del hall, rompiendo por completo el orden de llegada que se había creado. Algunos profesionales gráficos comenzaron a quejarse de la mala organización mientras los últimos en llegar se convertían en los primeros de la nueva cola.

Los minutos pasaban y todo el mundo se preguntaba cuándo dejarían entrar a la prensa. Por otra puerta al lado de la que abrirían para los fotógrafos los reporteros que acudían a la rueda de prensa de “Malditos Bastardos” corrían para coger los mejores sitios. Faltaba más de una hora para la rueda de prensa pero ésta, al igual que la película, había creado una gran expectación.
Cuando faltaba media hora para las seis y la organización decidió que entraran los fotógrafos, casi todos ellos descubrieron que sólo se abriría una puerta a pesar de que ésta era doble. Casi sesenta personas debían comprimirse en una fila de a uno y la marea humana empezó a contraerse para pasar por la estrecha puerta entre empujones y pisotones. Algunos fotógrafos gritaban que abrieran las dos puertas y que no les trataran “como una mierda”, demostrando que más que profesionales eran unos elitistas comodones muy alejados del espíritu de Robert Capa o James Nachtwey. Un servidor se vio arrastrado al interior del centro más gracias a la gente que empujaba que a mis propias piernas.

Una vez dentro se sucedieron las carreras por llegar al punto de encuentro del “photocall”, donde el premio por la velocidad no era ninguna medalla o reconocimiento sino ocupar los mejores sitios en la tarima destinada a los fotógrafos.
Los reporteros gráficos elitistas, los quejicas y varios de los que habían llegado los últimos comenzaron a pedir a la delegada de la organización que movieran las filas delanteras, que pusieran otra tarima o que no pusieran tanta luz. Peticiones a gritos que demostraban una vez más que no eran fotógrafos por vocación sino por necesidad. Personajes acostumbrados, quizás, a trabajos de bodas y bautizos donde son ellos los que lo controlan todo. “O se hacen las cosas bien o no se hacen” le gritó uno de ellos a la delegada, curiosamente un fotógrafo que no tenía un sitio donde ponerse por haber llegado el último.

El photocall

Quentin Tarantino fue el primero en llegar. Lo hizo con la misma ropa con la que había llegado la tarde anterior al hotel María Cristina de San Sebastián. Llevaba un libro del Festival sobre Richard Brooks que no dudó en mostrar a los fotógrafos y a pesar de sus tablas frente a la prensa se mostró rígido e incómodo con tanta atención. Levantando su mano frente a los fotógrafos a modo de saludo ejemplificó una postura ensayada frente al espejo para resultar fotogénico y resultón. “Qué tono de piel más raro tiene éste tío” comentó uno de los fotógrafos. “Sí que está gordo” comentó otro.

Brad Pitt entró en la sala pocos minutos después, captando la atención de todos los medios. Director y actor se fundieron en un cariñoso saludo y tras unos segundos juntos un agente de prensa se llevó al director, dejando a Pitt frente a merced de los fotógrafos. Vestía traje negro y camisa abierta azul y calzaba unas zapatillas negras personalizados, con una “B” y una “P” en cada uno de sus empeines. Frente a las cámaras se mostró muy cómodo y relajado y en un momento dado se dirigió a un gran ventanal para saludar a unas fans que le habían visto desde la calle.

Tras varios minutos de flashes Brad Pitt abandonó la sala y de nuevo se sucedieron las carreras para llegar a la sala 2 del Kursaal donde se realizaría la rueda de prensa de “Malditos Bastardos”.

Fotografías: Victor Baldoví

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