Grandes errores en El niño con el pijama de Rayas

Éste Viernes se estrena en toda España la esperada adaptación del best seller del 2007 «El niño con el pijama de rayas», de John Boyne. Hasta la fecha su libro ha vendido 3,5 millones de copias y se ha traducido a 34 idiomas. Todo aquel que lo lee cae rendido ante la emotiva y estremecedora historia que narra el libro, su lectura se recomienda a los niños para que se aproximen a la dura verdad del Holocausto e incluso se baraja la posibilidad de que muchas escuelas lo incluyan en su lista de lecturas obligatorias para reforzar sus enseñanzas sobre Historia. Sin embargo la obra de John Boyne, una obra de ficción, está plagada de errores históricos bastante graves.

¿Cómo un libro con tantos errores puede ser útil para conocer la verdad sobre el Holocausto? ¿Es éticamente correcto que la narración se sustenga a costa de la Historia y la verdad? ¿Es conveniente tergiversar el pasado en pos de un éxito narrativo aún corriendo el riesgo de que en el futuro ésta narración errónea sirva para que los negacionistas tengan argumentos sólidos?

Si no se ha leído «El niño con el pijama de rayas» y no desea conocer su argumento, es mejor que deje de leer en éste punto.

Una alambrada imposible

En la página 38 de la edición española de «El niño con el pijama de rayas» John Boyne describe con todo lujo de detalles la alambrada que rodea Auschwitz. Palos de madera como los de telégrafos que, diseminados a intervalos regulares, eran el esqueleto de la alambrada. Sobre ésta un rollo de alambre de espino con afiladas púas, formando espirales, complementaba el cercado.

La verdad es que tanto en Auschwitz como en Birkenau las alambradas exteriores se sustentaban en finas columnas de cemento y sobre ellas no había ningún rollo de alambre de espinos formando espirales. La alambrada exterior de otros campos de concentración como Majdanek, Bergen-Belsen o Nordhausen sí que estaban formada por postes de madera aunque sin un alambre de espinos sobre ella. La conclusión, por tanto, es que la alambrada del Auschwitz de El niño con el pijama de rayas ha surgido de la imaginación de su autor.
 
Casa correcta en campo incorrecto
 

La descripción que John Boyne hace de la casa del comandante de Auschwitz, a escasos 6 metros de la alambrada, se corresponde exactamente con la casa real que ocupó el comandante del campo.

Sin embargo ésta se encuentra junto a Auschwitz I, un campo con casas de ladrillo y dos pisos, alambradas dobles y un pasillo de vigilancia entremedio que no se corresponde con la descripción que hace Boyne del campo (una única alambrada y casas de madera de una sola planta). Ésta descripción sí que se corresponde con Birkenau (Auschwitz II), ampliación del campo que dista 2 kilómetros de la casa del comandante (punto rojo).

Bruno, al asomarse a su ventana, nunca hubiera podido ver Birkenau y mucho menos aún ver a los prisioneros llevando «pijamas» de rayas.

Una habitación con vistas

Desde la ventana de la habitación de Bruno éste podía ver un jardín, un banco con una inscripción y seis metros más allá, la verja del campo. Como hemos visto algo imposible si la casa del comandante distaba 2 km de Birkenau. El banco con la inscripción alusiva a la inauguración del campo no se ha encontrado en ningún libro serio sobre el Holocausto o sobre Auschwitz ni en Internet por lo que su existencia no se ha podido probar. Es posible que el banco con la inscripción también sea una invención de John Boyne.

Alambradas de pega

En la página 133 Bruno levanta la base de la alambrada y entre dos postes de madera se forma un hueco tan grande que por debajo puede pasar un niño. Teniendo en cuenta que en Auschwitz-Birkenau las alambradas estaban electrificadas, hipervigiladas y que no había postes de madera exteriores sino de cemento esto es imposible y ridículo.

¿Gaseamientos con ropa?

En las páginas 210 a 212 John Boyne narra cómo Bruno y Shmuel son conducidos hacia las cámaras de gas junto a cientos de personas. Bruno explica que durante el camino está lloviendo y cómo de repente deja de mojarse cuando son introducidos en un recinto largo, cálido y hermético. Allí los encierran y apagan las luces.

Ésta descripción de un gaseamiento masivo es totalmente errónea. Los prisioneros que iban a ser gaseados en Auschwitz-Birkenau eran desnudados antes de ser introducidos en las cámaras de gas para que su ropa fuera aprovechada por otros internos. Nunca los gasearon con ropa. Las cámaras de gas simulaban ser duchas por lo que el acto de desvestirse también ayudaba a tranquilizar a los que iban a morir gaseados.

Un bajito muy alto

En la página 121 se describe la visita que Adolf Hitler y Eva Braun realizan a la familia de Bruno. John Boyne nos explica que en el umbral de su casa esperaban un hombre bajito (el Furias, alias el «Führer») y una bellísima mujer junto a él (Eva), ella mucho más alta que él.

La verdad es que Adolf Hitler medía 1,73 metros y Eva Braun era más baja que él, incluso llevando tacones. Lo documentan las múltiples fotografías de la época que se conservan de ellos dos y los estudios médicos que se conservan sobre Hitler.

Vis-a-vis improbable

El pequeño niño judío Shmuel en la vida real hubiera tenido problemas para acercarse tanto a la alambrada de Birkenau. Según narra Eugen Kogon en su prestigioso libro «El Estado de las SS. El sistema de los campos de concentración alemanes», los centinelas tenían órdenes de disparar sin previo aviso sobre todo aquel que se acercara demasiado a las alambradas. Cada vez que dispararan a un interno durante un «intento de fuga» tendrían una recompensa en forma de puntos para un posible ascenso, permisos especiales o gratificaciones monetarias. Los centinelas, a su vez, estaban ansiosos por demostrar su fidelidad al sistema y su ferocidad como soldados SS. A algunos de los internos incluso se les pintaba una diana en la espalda de su traje para que fueran un objetivo móvil.

A la vista de todos los datos históricos incorrectos, «El niño con el pijama de Rayas» debería tratarse como una obra de ficción, historia alternativa o incluso ciencia-ficción. No debería recomendarse ni su estudio ni su lectura educativa pues ésta deforma la realidad del Holocausto en vez de complementarla. Ésta obra literaria no debería tomarse al pie de la letra y jamás ser tomada como una obra de referencia en el estudio de la Shoa. Para ello hay libros mejores como «Los últimos españoles de Mauthausen», de Carlos Hernández de Miguel; «El Holocausto» de Laurence Rees; «Historia social del Tercer Reich» de Richard Grunberger; «El estado de la SS: el sistema de los campos de concentración alemanes» de Eugen Kogon; «Sonderkommando» de Shlomo Venezia o «Una mujer en Birkenau» de Seweryna Szmaglewska.

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9 comments

  1. Victor Baldovi

    Creo que es usted quien no entiende el concepto de «novela de ficción»: TODA OBRA DE FICCIÓN debe ser creíble (con sus propias reglas, claro). Hay grandes novelas de ficción de todo tipo llena de cosas que nunca han ocurrido pero creíbles. Si escribo una novela de crímenes, lleno de giros de guión y diálogos increíbles basado en la Expo de Sevilla de 1992 y escribo que a la inauguración pudo acudir el Rey con su silla de ruedas, que la mascota de la expo era un león y que la Giralda de Sevilla era un espacio abandonado y lleno de meados al que solo iban los vagabundos (porque ahí quiero que uno de mis protas encuentre un cadáver), ¿estaré creando una buena novela? Puede que sí. ¿Será creíble? Pues no, porque me estoy INVENTANDO CÓMO ES SEVILLA EN 1992 y alguien escribiría «los errores de la novela de la expo 92». Pues lo mismo con el libro «El niño con el pijama de rayas» donde el autor se imagina cómo era Auschwitz. Repito, no critico la historia sino el lugar donde se desarrolla y cómo representa a los personajes históricos. Vamos, que el autor no se ha documentado mucho. Y la documentación, en un libro de la ww2, es básica. Imprescindible. Y si no lo es voy a inundar el mundo de novelas «históricas» con un Franco alto y rubio, un Goering delgado y manco a causa de la WWI, un Roosevelt que cae enfermo y al que sustituye Truman…

  2. Este artículo me parece de lo más absurdo y ridículo, plagado de un intento de crítico al más puro estilo «chaquetero» de una persona al creerse con la autoridad de llamarse a sí mismo «crítico». Tremendo ego y descaro el suyo.
    En ninguna parte el autor del libro ha mencionado que se ha basado en un hecho real, o en algún suceso verídico, más que en lo que a grandes rasgos se conoce sobre el Holocausto, tal cual han sido basadas algunas grandes NOVELAS, y recalco la palabra, porque este hermoso libro es eso, una novela. Ejemplo de esto tenemos otra gran obra como «La vida es bella». Quien no lo haya comprendido en serio le hace falta un poco más de entendimiento y comprensión de lo que lee.
    Muchos autores se basan en hechos históricos, o echan mano a la simbología (como Dan Brown) u otros recursos (creencias, deidades, monumentos, etc) para darles un poco más de realismo y credibilidad a sus novelas, y sin embargo eso no quiere decir que dejen de ser grandes obras.
    Además de que me parece irrisorio que diga que no lo recomienda como lectura escolar, si siempre en las escuelas se han usado NOVELAS para fomentar la lectura en los niños y jóvenes (algo que de por sí ya es bastante bueno y necesario) y de paso dejar alguna enseñanza, como en este caso, en que el libro da una gran lección acerca de la inocencia y la amistad, aún en un panorama tan deprimente y nocivo como una guerra.

    Tal vez sería bueno que dejara de pensar que tiene la autoridad de criticar grandes obras literarias y le deje el trabajo a los entendidos en la materia, pues, me parece que a usted le cuesta mucho comprender el arte sencillamente como lo que es. Deje de buscarle las cinco patas al gato, y aprenda a disfrutar.

  3. Ariana Ramírez

    Quiero ser muy precisa en que cada cosa debe tener su lugar.
    Creo que el libro es una obra preciosa cuyo objetivo no es ser una referencia histórica sino humana y fomentar empatía, creo que el autor se dejó llevar por su afán de imaginar lo que habría sido una probada de su propia medicina para los líderes nazis del holocausto y demostrar que en el corazón de dos niños inocentes no cabe de ninguna manera el odio, la ambición y la vileza que motivó estos hechos que no debemos olvidar.

    Sin embargo, también cuenta con razón el autor del artículo, en cuanto a discrepancias de la realidad histórica con la ficción, me parece sorprendente que los editores y personas que revisaron la obra antes de publicarla no dieran la importancia necesaria a estos datos, lo de la electricidad en la doble alambrada es fundamental, el asunto de la casa y la banca, el nombre del director del campo, etc.

    Pienso que no hay nada ya por hacer más que llamar a cada cosa por su nombre, esta es una novela, de ficción basada en hechos generales reales, no es una obra histórica ni de referencia histórica y representa una mínima parte del dolor y el horror vivido en Auschwitz.

  4. Joaquin Arrunategui O.

    Como dicen siempre los escritores, es mejor leer el libro y despues ver la pelicula, y esto lo hago siempre, soy un lector profundo de todo relacionado a los campos de concentracion, de sus sistemas de prision, barracas, de sus kapos,de sus barracas y alambradas, camaras de gas como crematorios he visitado el campo de concentracion de Auschwitz Birkenhau como el de Dachau….ahora en referente al libro apenas lo lei veia los errores que se cometieron en dicho libro, como dice el autor de este narracion, se cometieron infinidades de errores, es cierto que las casas de oficiales estaban muy cercas a las alambradas del campo, pero tenian un muro de por medio y no era facil a su acceso…las familias les tenian prohibido todo contacto con el personal del campo, me refiero a los presos judios….era imposible que Bruno podia tener contacto con el judio de piyamas, en la pelicula lo muestra como un niño ignorante o estupido….Quien halla visitado estos campos podra darse de cuenta que los civiles no tenian acceso a ninguna entrada al campo, ademas en el libro muestra mucha ficcion de la realidad de ese campo, muestra que nadie trabajaba, y era imposible de creer eso…Para mi concepto el libro es pura ficcion y la pelicula es mas mentira en general, todos antes de entrar a las camaras de gas eran desnudados y aqui en la pelicula los mostran con ropa….una pelicula demucha ficcion….para los que ignoran la verdad de lo que paso real en dichos campos de concentracion.

  5. Muchísimas gracias a ti por la valentía para escribir estas líneas. Empezaba a creer que estaba solo… Un saludo!

  6. Realmente valoro este análisis, me pareció notar tales errores en el libro, pero por falta de conocimiento al respecto, me abstuve de juzgarlo a la primera. El libro es realmente poético, y su objetivo es más sentimental que informativo, el autor pudo haberle puesto mas empeño en el ámbito de la investigación profunda y el detalle a lo básico de ubicación y épocas, atuendos y comportamientos. Al contrario de los comentarios anteriores, yo personalmente valoro más la fidelidad a la historia, y la exactitud a la hora de referencia hechos históricos. Ha sido muy informativo, muchísimas gracias por tomarte el tiempo de escribir el articulo.

  7. Vergonzo el comentario, a quien le importa si la alambrada o la ropa, etc. La pelìcula muestra claramente la inocencia de los niños y el mal que a ambos bandos les hicieron, por algo los alemanes en su mayoria hasta hoy se averguenzan de ese capiítulo de su historia, despuès de todo claramente no todos los alemanes estaban de acuerdo con esta dehumanización que se viviò. Conmovedora película y libro.

  8. Sr. Jodo (sigh). Siento haber ofendido un libro que parece considerar clave a la hora de entender el Holocausto pero yo no lo considero un libro histórico sino un cuento de ficción y sinceramente, hay libros de ficción mejores y sobre todo mejor documentados. Si realmente le interesa el Holocausto le recomiendo libros como «Los últimos españoles de Mauthausen», de Carlos Hernández de Miguel; «El Holocausto» de Laurence Rees; «Historia social del Tercer Reich» de Richard Grunberger; «El estado de la SS: el sistema de los campos de concentración alemanes» de Eugen Kogon; «Sonderkommando» de Shlomo Venezia o «Una mujer en Birkenau» de Seweryna Szmaglewska. Saludos!

  9. Este artículo es la muestra más estúpida de trabajo investigativo inútil que he visto en mi vida. Se concentra en detalles que no tienen la más mínima importancia para el tema en cuestión, un holocausto que no se perpetró gracias a que las alambradas tuvieran cemento o madera, sino por la forma en que unos seres humanos aprendieron a negar la dignidad y los derechos de otros, aspecto que tanto el libro como la película abordan de manera clara e históricamente pertinente.

    Dedicarle tiempo a encontrarle los pseudo-errores pseudo-históricos a una obra, en lugar de profundizar o elaborar lo realmente importante en ella, es una manera de contribuir a que situaciones similares sigan produciéndose (no ya con judíos, pero sí todavía con mujeres, homosexuales y otras minorías).

    Tu falta de sentido sobre lo verdaderamente relevante te hace cómplice de nuevos errores en la historia de la humanidad.