Tienen sede en Frankfurt, en Stuttgart, en Múnich. Fabrican coches, motores, neumáticos. Sus logos aparecen en anuncios de televisión, en aeropuertos, en las calles de cualquier ciudad europea. Y todas ellas tienen algo en común: en algún momento entre 1933 y 1945, alguien trabajó para ellas sin cobrar ni un marco. Sin poder negarse. Sin poder huir. Sin saber siquiera si vería otro amanecer.
Más de 300 empresas europeas utilizaron trabajo esclavo procedente de los campos de concentración nazis. El informe confidencial del SHAEF,elaborado por los Aliados el 7 de mayo de 1945 y oculto durante décadas, recoge sus nombres uno por uno.
El documento enterrado
A finales de la Segunda Guerra Mundial, tras la rendición alemana y meses antes de que millones de japoneses se convirtieran en ceniza, la División G-2 de Contrainteligencia del SHAEF (Cuartel General Supremo de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas) elaboró un informe sobre los campos de concentración nazis y su mecánica interna.
Durante años, ese material quedó sepultado tras el secreto oficial. No fue hasta la Nazi War Crimes Disclosure Act de 1998 y su aplicación desde 2001 cuando organismos como la CIA, la NSA y los Archivos Nacionales de Estados Unidos empezaron a liberar páginas que habían permanecido encerradas durante medio siglo.
Entre ellas, un informe que documenta algo difícil de ignorar: más de 300 empresas, desde pequeños negocios hasta grandes multinacionales como BMW, Volkswagen, Siemens o IG Farben, se beneficiaron del trabajo de presos procedentes de campos de concentración nazis. No era producción. Era explotación industrializada.
El sistema de esclavitud nazi
Durante la Segunda Guerra Mundial, hasta 26 millones de personas en toda Europa fueron sometidas a trabajos forzados por el régimen nazi. Solo en el interior del Reich, más de 12 millones fueron deportadas para trabajar en fábricas, minas, canteras y campos de concentración. En 1944, una de cada cuatro personas que sostenían la economía alemana era un esclavo. Sus «crímenes» eran simples: ser judíos, prisioneros de guerra soviéticos, polacos, gitanos, testigos de Jehová o, simplemente, tener ideas políticas contrarias al régimen.
El informe del SHAEF clasifica a los beneficiarios en cuatro grandes categorías: industrias, empresas privadas, oficinas de las SS y el Departamento C de Construcción de las SS. Pero lo más inquietante no es que ocurriera, sino quién aparece en ella.
El sistema funcionaba en múltiples direcciones. En algunos casos, las SS ofrecían prisioneros a empresas a cambio de dinero. En otros, eran las propias empresas quienes solicitaban mano de obra para cubrir la escasez provocada por la guerra. El Estado también asignaba prisioneros de forma directa a ciertas industrias estratégicas para aumentar la producción. En cualquier caso, los prisioneros no recibían ningún salario, no tenían derechos y no podían marcharse. No eran empleados: eran cuerpos gastados hasta el límite y luego reemplazados por otros.
Nombres que siguen presentes
Aquí es donde el pasado deja de parecer remoto. La categoría de Industrias incluye empresas que siguen existiendo hoy, marcas que aún vemos en las calles y asociamos con innovación, prestigio o excelencia. Sin embargo, parte de ese legado se construyó sobre manos que no cobraban ni un marco. Manos que, en muchos casos, tampoco sobrevivieron para contarlo.
Automoción y aviación
BMW utilizó mano de obra esclava en instalaciones vinculadas a Buchenwald, Dachau, y Allach. Daimler-Benz AG aparece en Genshagen, conectada con Sachsenhausen. Volkswagenwerk figura en Fallersleben, vinculado a Neuengamme, y en Luxemburgo, asociada a Natzweiler.
En el sector aeronáutico, Messerschmitt AG sobresale como una de las empresas más citadas del informe. Tenía plantas en Augsburg, Dachau, Gablingen, Lauingen, Kottern, Memmingen y Leonberg. Prácticamente toda su cadena de producción de cazas dependía en gran parte del trabajo forzado. Heinkel y Junkers también figuran con producción apoyada en prisioneros de campos como Mauthausen o Buchenwald.
Química y armamento
I.G. Farben, el poderoso consorcio químico alemán y productor de Zyklon B, operó en múltiples lugares, incluida su planta de Auschwitz. Dynamit AG Nobel aparece en varias instalaciones. Krupp, por su parte, empleó mano de obra femenina procedente de Gross-Rosen.
Electrónica y tecnología
Siemens utilizó prisioneros procedentes de campos como Auschwitz y Ravensbrück. Philips operaba en Eindhoven y Hoogovens en IJmuiden, ambas vinculadas al campo de Herzogenbusch, en la Holanda ocupada. El sistema no fue solo alemán: también arrastró a empresas de los territorios invadidos.
Empresas privadas y SS
El informe no distingue entre grandes y pequeños. Junto a multinacionales aparecen una panadería de Hamburgo (Bäckerei Werner Ohde), almacenes frigoríficos en Weimar o fincas privadas cerca de Ravensbrück. La esclavitud no era solo industrial; también sostenía la vida cotidiana del Reich.
Más perturbador es ver instituciones ideológicas y de poder dentro del mismo mapa. La Partei Kanzlei, la Cancillería del Partido Nazi en Múnich, y la Reichsschule der NSDAP de Feldafing, aparecen unto a empresas y fábricas. La ideología y la explotación compartían edificio.
Las SS fueron todavía más lejos. Usaron prisioneros para escuelas de oficiales, almacenes, granjas y laboratorios. La Ahnenerbe, el instituto pseudocientífico de investigación racial de Himmler, figura vinculada a Plaszow y al Castillo Mittersill. El RSHA, que supervisaba la Gestapo y el SD, tenía varias instalaciones relacionadas con Sachsenhausen. Y el Instituto Entomológico de las Waffen-SS y la Unidad de Malaria del Prof. Dr. Schilling, ambos en Dachau, son pruebas de que se realizaban experimentos médicos con prisioneros.
El Reich levantado con esclavos
El informe también documenta cómo se construyó la propia infraestructura del Reich con trabajo forzado: búnkeres, bases militares, escuelas de oficiales y hasta el Atlantikwall aparecen ligados a brigadas de construcción de las SS vinculadas a Buchenwald.
Incluso en la isla de Alderney, el único territorio británico ocupado por Alemania, se documenta el uso sistemático de prisioneros. La Alemania nazi no solo fabricó armas con esclavos; también se construyó a sí misma con ellos.
Lo que revelan las cifras
El campo con más empresas vinculadas no es Auschwitz, sino Mauthausen, con 27 entradas documentadas. Entre los españoles que vivieron esa realidad en primera persona estuvo José Alcubierre, el preso nº 4.100, deportado con 14 años en el convoy de Angulema y uno de los testimonios más valiosos que se conservan de los españoles en el campo.
El informe también deja ver algo que suele quedar al margen: el trabajo esclavo femenino como engranaje industrial. Más de 30 entradas están vinculadas a Ravensbrück o Gross-Rosen. Krupp, Siemens, IG Farben, Continental o Ernst Heinkel utilizaron esa mano de obra para fabricar armamento, textiles y componentes de guerra. No fueron excepciones; fueron parte del mecanismo.
Las grandes ausencias
El informe del SHAEF es una pieza histórica fundamental, pero no lo cuenta todo. Hubo muchas más empresas que utilizaron trabajo esclavo de forma masiva y que no aparecen en esas páginas, por razones políticas, por caos administrativo o porque parte del rastro se perdió. Ford, General Motors, Hugo Boss, Thyssen o Bosch son solo algunos nombres de una lista paralela que se ha perdido en la niebla del tiempo. Una lista fantasma que obliga a seguir escarbando.
No mires hacia otro lado. Consulta y descarga la lista completa del SHAEF: Informe SHAEF sobre trabajo esclavo nazi
Fuente primaria: Supreme Headquarters Allied Expeditionary Force. Evaluation and Dissemination Section. G-2 Counter intelligence Sub-Division. «German Concentration Camps» (May 7th 1945). Desclasificado bajo la Nazi War Crimes Disclosure Act (P.L. 105-246, 2001). National Archives EE.UU., Record Group 331. Identificador 19054032.