El lamento de Imber Village

Tras las ventanas sin cristales de Imber Village no se aprecian signos de vida sino silencio y oscuridad. Por sus calles no pasean vecinos sino botas militares. Ya no se oyen risas en la escuela ni chistes subidos de tono en el pub local. Nadie reza en la imponente iglesia ubicada a las afueras del pueblo y hace décadas que sus campanas no emiten sonido alguno. Un pequeño crucifijo permanece en un humilde rincón pero nadie le reza ni le viene a ver porque en Imber Village no queda nadie vivo.

Establecido en la campiña inglesa de Salisbury Plain en el condado de Wiltshire, a principios del siglo XX la ciudad  estaba habitada por 152 personas. Su calle principal seguía el curso de un arroyo conocido como Imber Dock y contaba con viviendas de dos plantas y todo lo necesario para desarrollar una próspera comunidad: una escuela, un juzgado, una imponente iglesia dedicada a St. Gilles (s. XIII-XIV), una capilla baptista del siglo XIX, una oficina de correos y un pub llamado The Bell Inn.

A las afueras de Imber la británica War Office mantenía un campo de entrenamiento militar. La economía del pueblo estaba estrechamente relacionada con la agricultura y cuando las granjas de Imber se vieron arrastradas a una gran depresión económica muchas de ellas decidieron vender sus tierras al ejército británico y se convirtieron en inquilinos.

El 1 de noviembre de 1943 todos los habitantes de Imber fueron reunidos en la escuela por la War Office y se les presentó un ultimátum: el ejército británico necesitaba el pueblo para que tropas norteamericanas practicaran lucha callejera¹ y tenían 47 días para abandonar su hogar. En la mente de todos se encendió el indicativo de que el desembarco aliado en Europa podía estar a punto de llevarse a cabo. La mayoría de ciudadanos acataron las ordenes de sus propietarios, sobre todo porque se les prometió que regresarían al cabo de seis meses pero al menos una granja fue desalojada a la fuerza y se dice que encontraron al herrero de Imber, Amber Nash, sollozando desconsolado sobre su yunque.

Tras la Segunda Guerra Mundial el pueblo jamás fue devuelto a los ciudadanos de Imber Village a pesar de las numerosas protestas y hoy en día continúa en manos del Ministerio de Defensa británico. Su imagen ha cambiado mucho desde el siglo pasado. Donde antes crecían caminos ahora crece la hierba, la capilla baptista fue demolida a finales de 1970, decenas de nuevas plantas son los nuevos habitantes de un pueblo abandonado por la guerra y varios edificios de cemento, edificados por el ejército, se suman a los restos del pasado: la escuela, varias granjas, el juzgado y el pub. La iglesia de St Gilles y su cementerio son de la Diócesis de Salisbury pero su control y su acceso siguen en manos del Ministerio de Defensa.

El pueblo está en suelo militar y el acceso a sus instalaciones está prohibido. Sin embargo el primer sábado cercano al día de St. Gilles (1 de septiembre) se realiza en la iglesia un servicio eclesiástico abierto a ex-residentes, veteranos y turistas. Varios días al año² se permite que la población civil visite el pueblo y la compañía Bath Bus Company ofrece un servicio de peregrinación anual a la ciudad fantasma.

El penúltimo censo de Imber Village se realizó en 1931 y detallaba un total de 152 habitantes. El último, en 2011, mostraba un dato escalofriante: 0 habitantes. Pero millones de recuerdos.

Más info y fotografías en Imbervillage.co.uk

¹ Richard Madigan, veterano que ayudó a desalojar el pueblo, testificó ante la Defence Lands Committee (DLC), asegura que las prácticas de lucha callejera nunca tuvieron lugar, que las tropas americanas mantuvieron la integridad del pueblo por si regresaban sus habitantes y que el desalojo se debió a que el pueblo estaba muy cerca de varias zonas de impacto de proyectiles.

² Banks Holidays y fechas navideñas.

Fotografía: The Bell Inn. By Scott Wylie (Wikipedia, licencia GFDL/CC-BY 2.5)

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