El barracón 56 de Buchenwald

El interior del barracón apestaba a sudor, inmundicia y enfermedad. El olor de la madera podrida era de un dulzor exquisito, una pincelada de perfume en un ambiente irrespirable en el que cada inspiración era un suplicio y cada bocanada de aire una apuesta segura por la aversión y las arcadas. Una terrible fragancia se sumaba al hedor de aquella estancia. Estaba ahí, se podía oler si se prestaba atención. Un olor nauseabundo que se oxidaba en el gusto y removía las entrañas. Madera quemada, heces podridas, ceniza, sangre… Muerte.

El fotógrafo levantó la cámara, enfocó hacia uno de los lados del barracón pero la composición no le parecía demasiado buena. Se dirigió hacia uno de los prisioneros y con mucho respeto le pidió que posara de pié frente a un poste. El esqueleto humano obedeció y el fotógrafo hizo su trabajo. Una explosión de luz iluminó el interior del barracón 56 y su contenido se quedó grabado para siempre en la película fotográfica de la cámara.

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En la fotografía prisioneros del liberado campo de concentración de Buchenwald posan en los camastros de un barracón habilitado como hospital. Algunos miran a cámara con esperanza, miedo e incluso odio por no haberles auxiliado antes; otros tienen la mirada perdida contemplando no la libertad que han ganado sino  aún recordando lo que han perdido. Un par de prisioneros giran la cabeza y la ocultan, puede que por la vergüenza de haberse convertidos en despojos humanos o como acto de rebeldía ahora que ya no han de obedecer más. En primer término un esqueleto vestido con piel humana no quiere ser olvidado, quiere que se vea lo que es, en lo que se ha convertido. Lo que los nazis han hecho con él y con miles como él.

Tras la fotografía aún hay más.

Positivando la Historia

Los prisioneros que aparecen en la imagen, tomada el 16 de Abril de 1945 por el soldado H. Miller, se han ido reconociendo con el paso de los años o han sido identificados gracias a sus familiares. En la actualidad hay rostros asociados a tres o cuatro nombres diferentes.

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1- Ignacz (Isaac) Berkovicz / Abraham Baruch.

2- Perry Shulman

3- Mel Mermelstein

4- Simon Toncman

5- Naftali Fuerst

6- Lajos Vartenberg (Yehuda Doron) / Yaakov Marton

7- Alex Berkowits / Heiman Leefsma / Abraham Hipler / Berek Rosencajg / Zoltan Gergely

8- Elie Wiesel

9- Michael Miklos / Nikolaus Gruener / Gershon Blonder / Yosef Reich

10- Issac Reich

11- Max Hamburger

Poco después de que el soldado Miller tomara la fotografía  (nº de archivo 203647-S), decidió tomar una nueva (nº de archivo 203648-S) en la que Simon Toncman, el barbudo que en la primera fotografía se encuentra de pie (número de prisionero 178843) decidió sentarse en un banco puesto allí a propósito:

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Es el mismo prisionero y es el mismo lugar, no hay duda. Tras los internos, en las literas de madera, se puede ver pintado el mismo número “27” que aparece en la primera fotografía. En cuanto al barbudo, sus entradas son parecidas, sus labios son casi iguales, su barba está cortada de modo idéntico y su número de identificación (nº 178843) según los archivos Yad Vashem pertenecen a Simon Toncman.

Bunks

barba

Tatuaje

El 6 de Mayo de 1945 “The New York Times Magazine” publicó la fotografía de Miller pero ésta había sido modificada para dotarla de más profundidad de campo o incluso para censurar a Toncman, un hecho que ha dado pie a teorías conspiratorias sobre la autenticidad de la imagen.

NYTM

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La portada del libro “By bread alone”, del supervivente Mel Mermelstein, también mostraba la fotografía modificada de H. Miller sin Toncman.

BreadAlone

A pesar de que muchos creen que Toncman nunca estuvo en la fotografía original de Miller, las sombras del prisionero se corresponden con las del poste, proyectándose sobre el suelo y sobre las literas.

En cuanto al borde borroso del hombro derecho y parte derecha de la cabeza de Toncman y que muchos relacionan con un “corta-pega” de laboratorio, se trata simplemente de un error de la propia realidad de la imagen: Toncman se movió hacia la derecha mientras Miller tomaba la fotografía. WW2 Freak ha podido replicar el efecto con una cámara fotográfica con flash, trípode, una exposición de 1,6 segundos y un modelo moviéndose hacia la derecha.

Sea como fuere la fotografía del soldado H. Miller, tomada cinco días depués de la liberación del campo, sigue siendo hoy en día casi 70 años después fuente de grandes controversias. Sin embargo la auténtica verdad que representa sigue inalterada desde el fin de la guerra, una verdad que ya expresó Tito Maccio Plauto en el siglo II antes de Cristo: el Hombre es un lobo para el Hombre.

Para saber más

  • KOKER, David; “At the edge of the Abyss: A concentration camp diary, 1943-1944”. Northwestern University Press, 2012.
  • Whale.to
  • Stormfront
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