Vojtek

Wojtek, el oso soldado

No era un cachorro normal pero el mundo en el que me había tocado vivir tampoco lo era. Desde que abrí los ojos por primera vez y me asomé al exterior de mi madriguera siempre había olido hedores extraños y desagradables que traía el viento. Hedores lejanos que me daban miedo pero mamá estaba conmigo para protegerme. “El mundo de los Hombres da miedo, bolita, pero sé valiente. Tú serás más fuerte que todos ellos juntos” me decía. Pero después de que mamá se durmiera durante una tormenta sin lluvia me entró miedo y corrí a nuestra cueva. Ella nunca regresó pero su olor en las ramas y en el suelo me reconfortaba. Muchas Lunas después un extraño animal me cogió y me entregó a otros. No tenía miedo, estaba demasiado débil para tenerlo. Sólo tenía ganas de dormir y soñar con mamá. Aquellos animales no tenían pelo y caminaban sobre dos patas. ¿Serían el Hombre? No chasqueaban la lengua ni hacían ruido con los dientes o la garganta así que no los entendía pero al mirarme siempre decían lo mismo: voitec. Voitec. Mamá me llamaba “bolita”. ¿Sería Voitec mi nuevo nombre? Pronto recuperé las fuerzas pero olía que no estaba a salvo. El hedor del miedo y de la muerte lo impregnaba todo pero debía ser tan valiente como los “osos sin pelo” que me cuidaban y hacer que mamá se sintiera orgullosa de mí desde el cielo de estrellas donde van a parar los que se duermen para siempre.

El cachorro iraní

Principios de 1942. El fantasma de la derrota y la venganza guiaba una caravana de miles de civiles y soldados polacos que desfilaban desde los Gulags soviéticos de Siberia hasta los puntos de encuentro en Oriente Medio del nuevo ejército polaco. El convoy se encontraba entre Hamadan y Kangavar al Oeste de Irán cuando se topó con un muchacho que cargaba un fardo a la espalda. El joven estaba cansado y hambriento y algunos soldados decidieron ofrecerle algo de comida. Tras dejar el fardo en el suelo éste empezó a moverse y emitir extraños gemidos parecidos a los de un bebé. Dentro había un cachorro de oso pardo, tan desnutrido y débil como el muchacho. Unos cazadores habían matado a su madre y el pequeño osezno se había refugiado en una cueva de donde el muchacho lo había rescatado. Los ojos estrábicos y tristes del osezno conmovieron al Teniente Anatol Tarnowiecki y entre varios le compraron el oso al joven a cambio de chocolatinas, caramelos, latas de carne y un bolígrafo que se convertía en navaja. Cuando reanudaron la marcha, Anatol le regaló el cachorro a una refugiada polaca que viajaba con ellos llamada Irena Bokiewicz. El oso necesitaba alimentarse o moriría. Era muy pequeño como para comer por su cuenta así que mezclaron leche condensada con agua e improvisaron un biberón con una botella de vodka vacía y un pañuelo con un agujero en el centro para simular una tetina. Irena lo cuidó hasta que decidió donarlo al Segundo Cuerpo Polaco estacionado en el actual Irak.

El oso soldado

En el campamento había otras mascotas como lagartos, monos y perros pero el oso pardo destacaba del resto por ser más que una mascota. Los soldados lo habían bautizado como Wojtek, “luchador sonriente” o “al que le gusta la guerra” y tenía una personalidad amable, desenfadada y glotona. Los soldados jugaban y luchaban con él de forma amistosa, le paseaban por el campamento en Wojtek_the_bearjeep sentado como una persona, le enseñaron a saludar y durante los desfiles acompañaba a sus hermanos de armas caminando sobre sus patas traseras. Vojtek era prácticamente un soldado polaco más y los jóvenes Dymitr Szawlugo y Henryk Zacharewicz dos de sus mejores amigos. Tras las variadas comidas solía sentarse en el suelo con una botella de cerveza en las patas delanteras y beber de ella tranquilamente. Cuando se la acababa siempre examinaba el interior de la botella para cerciorarse de que no se dejaba ninguna gota. A Vojtek también le gustaba el tabaco pero no para fumar sino para comérselo. Sólo le interesaban los cigarrillos que estuvieran encendidos y tras sobarlos un poco solía tragárselos.

Durante dos años el oso soldado provocó cientos de anécdotas como el robo de huevos de la mesa de los oficiales al desayunar, cómo le gustaba jugar con la ropa interior secándose al Sol o darse largos baños que no hacían más que aumentar los lazos de amistad que se creaban entre el plantígrado y los hombres de la Compañía. Una noche impidió un robo de suministros cuando un ladrón entró en un complejo de municiones donde Vojtek estaba durmiendo. El oso fue tan resolutivo que el ladrón fue capturado y el oso premiado con botellas de vino y cerveza.

A principios de 1944 las tropas polacas iban a ser transferidas a Italia, donde los aliados trataban de romper las defensas alemanas cerca de la abadía de Monte Cassino. El ejército británico no permitía que viajaran animales hacia el Continente y decidió que Vojtek se quedara en Egipto. Pero los soldados polacos no estaban dispuestos a dejar atrás a un ser que se había convertido en parte de su familia y alistaron a Vojtek en el ejército polaco. Le dieron documentos de identidad auténticos que lo acreditaban como soldado de la 22nd Artillery Supply Company del Segundo Cuerpo Polaco y se lo presentaron al oficial británico que regulaba el embarque en el puerto de Alejandría. El oficial inglés examinó cuidadosamente las credenciales del oso soldado, le miró de arriba abajo y le dio la bienvenida bordo dándole una palmada en el hombro. Fueran donde fueran Vojtek tendría su propia paga, su propio número de identificación, su propia comida, su propia tienda y hasta su propia ropa. La vida estaba punto de cambiar para él y para todos los que le conocían porque ahora Vojtek también tendría su propia guerra.

Los héroes de Monte Cassino

El frente de batalla resulto ser una agreste montaña coronada por un monasterio cuya conquista facilitaría el acceso del ejército aliado a Roma. Los alemanes mantenían una impenetrable línea de defensa que era golpeada brutalmente por soldados aliados de hasta seis nacionalidades diferentes. El transporte de suministros hasta la línea de fuego era una tarea peligrosa pero necesaria que se llevaba a cabo con mulas. Uno de los soldados polacos vio que el oso Vojtek, levantado sobre sus patas traseras, se apoyaba en uno de los camiones de suministros para acceder a las cajas de munición. Parecía que quisiera ayudar a llevar las cajas hasta el frente de batalla. Muchas veces Vojtek imitaba lo que otros soldados estaban haciendo y tras ver cómo el oso cogía con éxito varias cajas de municiones, los combatientes polacos decidieron darle una oportunidad y hacer que se ganara su “paga” como soldado.

2000px-Wojtek_soldier_bear.svgEn mitad de gigantescas explosiones, ráfagas de ametralladora y balas perdidas Vojtek llevaba cajas de munición y suministros hasta los soldados que luchaban por tomar el control de Monte Cassino. Cuando semanas más tarde la bandera polaca ondeó al fin en lo alto de la montaña, alguien hizo un dibujo de Vojtek cargando un obús con sus patas delanteras. El dibujo gustó tanto que por demanda popular se convirtió en el emblema oficial de la Compañía, renombrada 22nd Transport Company.

Tras el fin de la guerra la Compañía polaca viajó hasta Gran Bretaña, Vojtek entre ellos. El desfile de las tropas aliadas por las calles de Glasgow para celebrar el fin de la guerra fue uno de los desfiles más comentados por la presencia del oso soldado, un héroe que había contribuido a la victoria de forma activa.

El Campo de Personas Desplazadas de Winfield cerca de Hutton (Berwickshire) se convirtió en el nuevo hogar de los héroes que habían luchado contra los nazis desde el principio y en el nuevo “campo de juegos” de Vojtek. Ninguno de ellos sabía qué les depararía el futuro ahora que la guerra había acabado pero todos temían por el futuro de su hermano oso. El zoo de Edinburgo se interesó por su bienestar y en 1947 cuando el Segundo Cuerpo Polaco fue desmovilizado Vojtek se trasladó a sus instalaciones. Allí no tardó en convertirse en la estrella favorita de todos. Los osos son animales fáciles de querer, sobre todo si son amables, carismáticos y valientes como Vojtek. Sus ojos se llenaban de alegría en cuanto oía hablar en polaco; se sentaba en el suelo y esperaba a que alguien le diera un cigarrillo o una botella de cerveza. Antiguos camaradas venían a verle y lanzarle cigarrillos como en los viejos tiempos y algunos hasta lograban llegar hasta él para luchar como habían hecho en tantas ocasiones, siempre con gran amor y respeto.

El zoo de Edinburgo acogió al héroe peludo hasta su muerte en 1963. Sus últimos años de vida fueron más aburridos que lo que él hubiera deseado porque Vojtek no era un oso normal, era un oso soldado en plena Segunda Guerra Mundial o como él la llamaba, la tormenta de truenos cuya lluvia invisible hacía dormir para siempre a todos los que empapaba.

Para saber más:

  • LASOCKI, Wieslaw A; “Wojtek spod Monte Cassino”, Muchomor, 2012.
  • ORR, Aileen; “Wojtek the bear”, Editorial Birlinn, 2012.

Artículo escrito para el nº 8 de la revista “WW2GP Magazine

Fotografías: Victor Baldoví (oso color) / Dominio Público (ByN y emblema)

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