Unity Valkyrie Mitford

La británica Unity Valkyrie Mitford, la quinta de siete hijos, estaba enamorada de Adolf Hitler, tanto de sus planes políticos como de su persona. Había sido invitada a eventos oficiales nazis, conciertos, fiestas privadas y hasta al retiro alpino del Führer donde entre pastas y música había intentado sin éxito convencerle para una alianza anglo-germana. Un informe de 1936 del MI-5 la describía como «más nazi que los nazis» pero Unity seguía amando a su país natal.

El 3 de Septiembre de 1939, el día que Inglaterra le declaró la guerra a Alemania, Unity se dirigió al Ministerio del Interior Bávaro en Munich con un pequeño paquete bajo el brazo para que se lo entregaran a Hitler. Tras salir del ministerio se dirigió al English Garden de Munich y allí, con la paz y el reposo de la intimidad, sacó una pequeña pistola automática con empuñadura de nácar, regalo de Hitler, apoyó el cañón del arma en su sien derecha y apretó el gatillo. Se oyó una pequeña detonación y el cuerpo de la joven cayó al suelo. No tardaron en encontrarla y descubrir que Unity aún estaba con vida. Dentro del paquete que había entregado en el ministerio se encontraba el brazalete nazi que Unity siempre llevaba consigo (incluso en Inglaterra), una fotografía firmada por Adolf Hitler y una carta dirigida a él.

Mientras Unity permanecía en el hospital, Hitler se interesaba por la salud de su amiga. Acudió varias veces a visitarla, le buscó los mejores médicos y se ocupó de todos sus gastos. A finales de 1939 fue trasladada a la neutral Suiza pero la bala que se había disparado seguía alojada en su cerebro y no se la podían extraer. En 1940, con las facultades mentales y físicas alteradas por su intento de suicidio, regresó a su casa en Swinbrook, Oxfordshire (Inglaterra).

La prensa acosaba a la familia Mitford mientras Unity aprendía de nuevo a caminar. Su edad mental era la de una niña de diez años, parlanchina y con un gran apetito. Seguía adorando a los nazis y hasta llegó a decir que quería tener hijos y llamar Adolf a su primogénito. A pesar de su estado hasta el 11 de septiembre de 1941 mantuvo una relación ilícita con el piloto de la RAF John Andrews, un hombre casado que servía en la cercana base de Brize Norton y que fue reubicado en Escocia para alejar el fantasma de la traición.

El estado de salud de Unity fue empeorando debido a la bala que tenía en el cerebro y el 28 de mayo de 1948 falleció en el hospital de Oban. Tenía 33 años. Fue enterrada en el cementerio de Swinbrook y en la actualidad su maltrecha tumba sigue en pie entre sus hermanas Nancy y Diana. Sobre su lápida, una frase grabada bajo su nombre resiste el paso del tiempo: «No digas que es inútil la lucha.» El inicio de un poema de Arthur Hugh Clough que bien podría haber definido a Unity Mitford:

No digas que es inútil la lucha,
que las heridas y el esfuerzo son en vano,
que el enemigo no ceja ni desfallece
y que todo seguirá como siempre.

Si fue falsa la esperanza, los temores también pueden mentir.

Tal vez tras ese humo lejano, ocultos
ahora mismo tus camaradas persigan al adversario en retirada
y, pese a tu escepticismo, resulten dueños del campo de batalla.

Pues aunque aquí las olas exhaustas rompan
sin que parezcan ganar un palmo,
por allá la marea inunda bahías y ensenadas
avanzando en silencio.

Imágenes: Dominio Público.

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