Stalag: Pornografía nazi en Israel

A principios de la década de los años 60 en Israel se comenzaron a comercializar una serie de folletines eróticos titulados «Stalag» («campo de prisioneros») en los que soldados americanos o ingleses eran capturados y enviados a campos de prisioneros. Allí eran torturados por mujeres de las SS hasta que los prisioneros conseguían escaparse y se vengaban de ellas violándolas y asesinándolas. Los folletines estaban escritos en primera persona, como si fueran memorias reales, pero todo era ficción.

Los autores pretendían ser soldados estadounidenses pero en realidad eran israelíes. Hoy en día se conocen algunos de sus nombres, como el del poeta Maxim Gilan o Eli Keidar, el creador del género junto al editor Ezra Narkis. Keidar firmaba sus obras como el piloto Mike Baden y su primer número, Stalag 13, vendió 25.000 copias en su primer año de vida. A lo largo de su Historia 70.000 lectores de todas las edades se harían con alguna de las cuatro ediciones que se pusieron a la venta.

La publicación erótica coincidió en el tiempo con el mediático juicio en Israel del ex-oficial alemán Adolf Eichmann, un juicio que empezó a normalizar el Holocausto, tema tabú en la sociedad israelí. Pequeños editores se dieron cuenta del enorme potencial que tenía una publicación  como la de Stalag 13 y decenas de copias tituladas sin pudor Stalag 3, Stalag 7, Stalag 33 o Stalag 1000 empezaron a inundar el mercado.

«Escritores» como Victor Boulder, Ralph Butcher o Kim Rockman se convirtieron en best-sellers de la noche a la mañana mientras la juventud israelí devoraba unas historias que hoy en día serían consideradas como eróticas y poco explícitas. Poco a poco títulos y escenarios fueron evolucionando (Stalag of the Devils, I Was a Stalag Commander, Stalag Stalingrad, etc.) y los argumentos fueron haciéndose cada vez más escabrosos y explícitos hasta que uno de sus volúmenes, I Was Captain Schultz’s Private Bitch (1963), donde una mujer francesa era la prisionera y un tal Schultz el nazi torturador, fue acusada por una corte israelí de transgredir todos los límites éticos y morales y se ordenó su completa retirada del mercado.

En 1965 la inundación de folletines de mala calidad y el peligro de ser llevado a juicio por publicar obscenidades acabó rompiendo la burbuja literaria que se había creado en torno a los folletines eróticos sobre el Holocausto. Escritores y editores empezaron a buscar nuevas formas de expresión y el público perdió su interés por los «Stalag». En la actualidad la Librería Nacional de Israel guarda 80 de ellos pero sólo permite su consulta a investigadores e historiadores.