La Navidad en Auschwitz

Los hombres y mujeres que servían en Auschwitz-Birkenau y los prisioneros no judíos que estaban a su cargo tenían algo en común en Navidad. Pero éste nexo, más que unir a presos y carceleros, era utilizado por algunos alemanes como una forma de tortura más. A la terrible experiencia de estar en un campo de concentración durante la Navidad, se sumaban humillantes y sádicas acciones de kapos y oficiales de las SS que convertían la Navidad en una fecha para temer. Pero la maldad no siempre lograba derrotar a la luz de la Navidad y su espíritu de camaradería y amor se colaba por entre las viejas maderas de los barracones de Auschwitz.
El preso Józef Jędrych del bloque 10A años después de su liberación recordaba cómo «empezaban a oírse villancicos alemanes, y entonces como olas del mar empezaban las poderosas palabras de ‘Dios ha nacido, el poder tiembla'», villancico tradicional polaco. Luego los prisioneros acababan cantando el Dąbrowski Mazurka, el himno nacional polaco. «Todo el mundo intercambiaba abrazos de cariño y amistad y lloraba durante algun rato. Algunos gimoteaban incontroladamente… Un momento así no se olvida. Ésa Navidad está grabada para siempre en mi corazón y en mi memoria»
Algunos prisioneros lograban entrar en el campo pequeños árboles de Navidad, como el prisionero Henry Bartosiewicz. Lo colocó en la habitación 7 del bloque 25 y fue decorado con un águila blanca tallada a partir de un nabo, obra del miembro de la resistencia del campo Witold Pilecki.
El 24 de Diciembre de 1942 por la noche mujeres polacas que trabajaban en el edificio administrativo de Auschwitz encendieron velas en una rama de abeto que habían logrado entrar en el edificio. En muchos barracones se cantaron villancicos y en el bloque 18A un preso que era sacerdote católico utilizó pan como sustituto de la hostia sagrada.
En 1943, tras la incorporación de Arthur Liebehenschel a la comandancia de Auschwitz, la Navidad en el campo mejoró sustancialmente. La Nochebuena se pudo celebrar con normalidad en muchos bloques y los paquetes con obleas que enviaban los familiares de los presos llegaron íntegros a sus destinatarios. Absorviendo el espíritu de la Navidad muchos internos las compartieron con quien no recibió nada e incluso con los presos judíos.
La Navidad de 1944 fue la última y la más emotiva de Auschwitz. La Alemania del Tercer Reich tenía sus día contados y las autoridades del campo permitieron muchas cosas que antes jamás hubieran permitido. Las mujeres de Birkenau prepararon 200 regalos de Navidad para los niños del hospital con objetos donados por mujeres de todo el campo. En los «paquetes» escribieron el nombre de cada niño y les engancharon dos terrones de azúcar o un caramelo. La víspera de Navidad una de las mujeres se disfrazó de San Nicolás (aka Papá Noel/Santa Claus) y repartió los regalos entre los niños del hospital y a 15 niños de otro barracón. Leokadia Szymańska, paciente del hospital, había hecho un pequeño árbol decorado con banderas polacas y un águila blanca en lo alto.
En otra parte del campo el prisionero y sacerdote Władysław Grohs de Rosenburg pudo celebrar en su bloque una multitudinaria misa nocturna a medianoche, la Misa del Gallo más esperada de la Historia.
La liberación del campo se produciría un mes después, el 27 de Enero e 1945. La oscuridad intentó poner fin a la brillante luz de la Navidad pero estaba escrito que ésto jamás sucedería. «Las botas que hacían resonar los soldados, y los vestidos manchados de sangre, serán quemados, destruidos por el fuego. Porque nos ha nacido un niño, Dios nos ha dado un hijo, al cual se le ha concedido el poder de gobernar.» Isaías 9:5-6.

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