Ivangorod, 1942.

El soldado levantó la mirada y vio cómo uno de sus hermanos alzaba su rifle hacia una figura que se giraba hacia la derecha. Por el rabillo del ojo veía otros cuerpos y otros miembros de su grupo de intervención pero su atención se centraba en aquella escena en concreto. Levantó la cámara y la enfocó hacia allí pues aquel momento ejemplificaba algo que él quería conservar para siempre. Sólo su alma sabía si la fotografía era para conservar lo que estaba viendo o para denunciarlo  pero necesitaba fotografiarlo. Sus componentes iban a convertirse en pasado y aquella escena iba a convertirse en un bodegón de sangre y muerte por lo que apretó el disparador de su cámara mientras otros disparaban sus rifles. El mecanismo de la cámara fotográfica funcionó con una precisión milimétrica y durante una fracción de segundo ondas de luz se abrieron paso a través de la lente para impregnarse en una superficie de la que jamás podría escapar; formando figuras que quedarían congeladas en el tiempo y en la Historia.

Ivangorod_(1942)

Todo empezó con una fotografía. Un soldado alemán apunta con su rifle a una madre que lleva a su hijo en brazos. La mujer huye, corre por salvar la vida pero no la suya sino la de su hijo o hija. Ella es su escudo, su protección, su primer y último refugio. Junto a ella ha caído otra mujer, víctima de las balas de los rifles que se intuyen tras el soldado o por su propio pie intentando huir del horror. A poca distancia un grupo de personas se agachan presas del pánico. Una de ellas intenta proteger con su mano a otra, intenta que se agache más, que se oculte. El grupo ha estado cavando. ¿Zanjas? ¿Un campo arado? Es probable que sus propias tumbas o puede que las de otros. La de sus vecinos, sus amigos, hermanos o padres. Cuando estás cavando tu propia tumba ésta nunca es suficientemente ancha ni suficientemente profunda; cuando estás acabando tu propia tumba el trabajo nunca está hecho y es por ello que las palas aún reposan clavadas en la tierra.

En el reverso de la fotografía aparece escrito “Ivangorod, Ucrania” y una fecha: 1942. Pero las palabras mienten, las letras traicionan pero la vista no. Y nuestra vista contemporánea, más allá de proporcionarnos información sobre ése cuadro impuesto, esa fotografía centrada en el terrible momento de un asesinato, nos convierte en testigos. Si solo miramos, si no actuamos y nos limitamos a ver una vida defilar ante nuestros ojos nos convertimos en víctimas como ellos o en colaboradores como los monstruos. Víctimas o verdugos, así de simple. Por suerte nunca es tarde para actuar, para hacer lo correcto. Los nombres de las víctimas y de sus brutales perpetradores se han perdido en la bruma del tiempo pero aún se puede extraer algo de información sobre lo que ocurrió  en ése pasaje desolado de la década de los años cuarenta. Lo que verdaderamente sucedió tras ésa fotografía.

Positivando la Historia

La resistencia polaca estaba abriendo todo el correo que los soldados alemanes destinados en el Este estaban enviando a casa. Puede que la censura militar alemana pasara algo por alto que pudiera ser utilizado por las potencias aliadas. Uno de aquellos sobres contenía la fotografía de “Ivangorod” y el encargado de revisar el correo supo que aquella imagen valía el esfuerzo de arriesgar la vida por robarla. La rescató del sobre y la envió de inmediato a Foto-Ris, organización clandestina polaca encargada de documentar las atrocidades del ejército alemán. La recibió un joven fotógrafo de 16 años llamado Jerzy Tomaszewski quien hizo una copia, guardó la fotografía original con mucho cuidado y envió el duplicado a Londres. El mundo debía conocer lo que las tropas alemanas estaban haciendo porque puede que alguna vez alguien, en algún sitio, dijera que todo eran fabulaciones o burdas exageraciones. Aún no se sabía a ciencia cierta hacia dónde se inclinaría la balanza de la victoria pero muchos estaban seguros que si los alemanes ganaban la guerra intentarían echar tierra encima de las monstruosidades que estaban cometiendo por la patria y por su Führer.

El fin de la guerra significó la clasificación de miles de imágenes que quedaron sepultadas bajo toneladas de papel fotográfico en viejos archivadores, voluminosas carpetas y cajas de cartón apiladas de cualquier modo. La instantánea de Ivangorod se mantuvo en el archivo de Tomaszewski hasta 1959 cuando decidió incluirla en el libro fotográfico sobre las atrocidades nazis “1939-1945: We have not forgotten”. En 1961 se publicó una versión abreviada del libro de 160 páginas que aún hoy en día puede encontrarse en muchas tiendas de venta online. Su portada muestra la icónica imagen de la madre corriendo con su frágil descendencia en brazos.

 

Las voces que negaban tanto el Holocausto como muchas de sus evidencias no tardaron en centrarse en la fotografía de Tomaszewski. La veracidad de la instantánea fue puesta a prueba el 26 de Enero de 1962 cuando el periódico alemán “Deutsche Soldaten Zeitung” publicó la fotografía bajo una gran titular que rezaba “Achtung: Falschung!” (Atención: Falsificación) y un artículo que aseguraba que la fotografía había sido un burdo montaje polaco escrito por el profesor en fotografía Otto Croy. Sus pruebas eran que el soldado que aparece en la fotografía no vestía el uniforme reglamentario del ejército alemán, que su rifle tampoco era el reglamentario y que la supuesta matanza no se parecía a otras matanzas cometidas por los Einsatzgruppen, es decir, víctimas desnudas frente a una fosa común, civiles más muertos que vivos dentro de su propia tumba esperando que les bese la muerte o grupos de hombres y mujeres arrodillados frente a un gran agujero en cuyo fondo un mar de cuerpos anónimos les espera. Hay cientos de horrendas fotografías que muestran las matanzas de los einsatzgruppen alemanes y cómo a veces las víctimas decidieron abandonarse a su fatal destino con una asombrosa docilidad. El último judío de Vinnitsa; el bigotudo que espera el momento de su muerte puede que contemplando mentalmente la imagen de su mujer o sus hijos… Pero la fotografía de Tomaszewski no muestra humillación o docilidad sino violencia en movimiento, muerte en marcha, un instante del asesinato de alguien. No hay nada encuadrado, nadie es el protagonista, solo la propia Muerte es la estrella de la función.

Tomaszewski y el editor Tadeusz Mazur respondieron a las acusaciones publicando en el magazine polaco “Swiat” cinco fotografías de las atrocidades nazis cometidas en Polonia y la Unión Soviética. Una de ellas era la imagen de Ivangorod y junto a ella otra supuestamente tomada por el mismo fotógrafo. En ésta nueva fotografía cinco hombres armados (cuatro soldados y un civil) posaban tras los cuerpos de varias personas yaciendo inertes en el suelo. Uno de los soldados era muy parecido al que apuntaba a la cabeza de la mujer con el niño y el fondo era muy parecido al de la fotografía robada. Para acabar de redondear las similitudes en su reverso también estaba escrito “Ucrania 1942” y con la misma letra que la imagen de Ivangorod.

En 1964 el magazine “Der Spiegel” publicó la fotografía de Ivangorod junto a más comentarios de lectores que aseguraban que la imagen era falsa. Pero un año más tarde la misma revista, un año más tarde, publicó la carta de un hombre llamado Kurt Vieweg que aseguraba que el uniforme del soldado apuntando a la mujer era alemán, concretamente de un batallón de policía alemana, muy activos en Polonia durante las limpiezas étnicas cometidas por los nazis en el Este. Lo sabía porque él había pertenecido a uno de ellos pero, según él, había tenido la “suerte” de ser enviado a Noruega en vez de a Polonia.

Sin embargo las acusaciones de montaje tenían algo de verdad. La imagen sí había sido modificada pero de forma artística. En muchas publicaciones y revistas la fotografía de Tomaszewki aparecía reescalada, centrada en el soldado con el rifle y la mujer huyendo con el niño en brazos. Un reencuadre para dar más énfasis a la imagen de Ivangorod que durante años ha alimentado las teorías conspiratorias de los negacionistas del Holocausto.

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Los Batallones de Policía Alemana, concretamente el Batallón de Policía 101 de Hamburgo, tuvieron una gran importancia a la hora de llevar a cabo las sanguinarias órdnes de “evacuar” a los judíos de los territoros ocupados por el Reich, un eufemismo que a partir de 1942 significó la eliminación de los judíos de Europa. La conferencia de Wannsee (20 enero de 1942) estableció que era más cómodo y razonable eliminar a los indeseables que deportarlos o hacerlos prisioneros. Ciudades enteras fueron rodeadas por  einsatzgruppen (grupos de operaciones) y todos sus resistentes o judíos eliminados. Entre 200 y 300 personas fueron asesinadas en Serokomla; 1.500 en Jozefow, 1.700 en Lomazy, entre 11.000 y 16.000 en Poniatowa, 18.000 en Lublin… Cuando las cámaras de gas empezaron a funcionar de forma regular los Batallones de Policía también empezaron a colaborar cargando judíos en los trenes de ganado que partían hacia Treblinka. El mayor transporte incluyó 11.000 judíos de Miedzyrzec encerrados sin comida ni agua en un tren de hasta 60 vagones de largo cuyo trayecto acabó en las cámaras de gas.

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El soldado con el rifle apuntando a la mujer ES un miembro de un Batallón de Policía alemana, hay decenas de imágenes que lo demuestran:

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Imágenes del United States Holocaust Memorial Museum. Cortesía de Michael O´Hara.

Los mismos botones brillantes en el pecho y mangas, la misma franja oscura en ella, los mismos pantalones acampanados con botas y en el caso de ésta fotografía, que la actitud es la misma. Puede que el texto en el reverso de la fotografía esté incorrecto, que fuera un intento de burlar la censura alemana o algún tipo de broma pero no se puede negar ni obviar lo que muestra la fotografía de Ivangorod: la escena de un asesinato durante la Segunda Guerra Mundial.

Ivangorod_(1942)

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