El entierro de un judío llamado Adolf Hitler

Una de las tumbas más curiosas que pueblan el cementerio judío de Filantropia en Bucarest es la de un hombre que vivió en el siglo XIX llamado Adolf Hitler. Así lo detalla el cronista de la judería rumana Marius Mircu en su libro “Filantropia, un cementerio lleno de vida”.
        El judío Adolf Hitler fue un habilidoso sombrerero que tenía un comercio-taller en la Calle Real de la ciudad. El artesano incluso llegó a hacer publicidad de su negocio en un periódico en yiddish. Tras fallecer en 1892 sus restos fueron enterrados en el cementerio de Filantropia al Norte de la ciudad, bajo una lápida con la siguiente inscripción en rumano y en hebreo:

“Aquí descansan los restos mortales de Adolf Hitler. Fallecido el 26 de Octubre de 1892 a la edad de 60 años. Rueguen por su alma”

Durante la Segunda Guerra Mundial la tumba y su inscripción fueron parcialmente destruidas para evitar provocaciones con  el gobierno rumano por-nazi, activamente embarcado en campañas contra disidentes, judíos y gitanos.
        Cuarenta años tras el fin de la guerra la tumba de Hitler fue redescubierta y en 1987 fue sometida a un proceso de restauración gracias a la iniciativa del Jefe Rabino Moses Rozen. “Fue un acto de justicia, porque este hombre no tenía ninguna culpa de tener el nombre que tenía” explicó el ingeniero judío Iosif Cotnareanu, quien trabajó en el equipo que reconstruyó la tumba. Aunque la inscripción que había en la lápida volvió a ser legible,  su forma no fue reconstruída tal y como era sino en un estilo más habitual de los años 80.
        En la actualidad nadie lleva flores a la tumba de Hitler el judío. Sus descendientes, si alguna vez los hubo, ya le han olvidado y tan sólo los curiosos y los periodistas se acercan a rendirle homenaje. Un hombre no debe ser sólo su nombre pero en su caso éste le ha catapultado a la eternidad.

Fotografia: Romania Jewish Tours

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