Siegfried Meir, el rebelde de Mauthausen

“Ellos, por ejemplo, eran soldados” continuó Meir. “Habían luchado, habían hecho la guerra, y como soldados sabían que si perdían pues serían prisioneros. Entonces podían aceptar mucho más fácilmente el hecho de que estén en prisión aunque les maltratasen, pero yo nunca he entendido por qué estaba allí. Por eso cuando digo ‘quiero olvidarlo’ no es que quiera olvidar lo que pasó, lo que quiero olvidar es la humillación que yo he sentido desde niño y sin entender el porqué. Porque no, no, yo no podía entender por qué siendo judío, haber nacido judío era malo. No lo entendía, no podía entenderlo. Entonces, durante todo mi tiempo en el campo, en el campo de Auschwitz primero y después en Mauthausen, he sido como una especie de rebelde. Estaba siempre furioso, estaba siempre con ganas de pelea, en fin, no aceptaba mi situación porque no la entendía.” Meir tenía el valor para mirar a la muerte a la cara e insultarla por su cruel cometido. Cuando un alemán le llamaba “cerdo”, Meir respondía “¡Cerdo tú!”

Cuando los americanos liberaron el campo se fijaron en el pequeño huérfano de ojos azules y le propusieron ir a Suiza, a Estados Unidos o a Israel. Pero Siegfried había trabado una amistad tan profunda con Navazo que quería quedarse con él. “Yo siempre he dicho ‘no, yo no quiero ir con nadie, quiero quedarme con mi padre’ Porque había identificado ya a Navazo como si fuera mi padre. Había una unión tan fuerte…” La estrella del futbol madrileño había hecho por el pequeño Siegfried mucho más que su verdadero padre quien sólo le había hecho promesas, primero en Alemania y luego en Auschwitz. “Cuando yo he encontrado esa, esa sonrisa que, que me conmueve cada vez que hablo de ella… Cuando… Cuando fue esto, yo, ‘ese es mi padre. Esto es lo que mi padre tenía que haber hecho para mí.’ (…) Entonces a partir de ése momento yo he considerado Navazo… ‘es mi padre’.

Una nueva familia

Siegfried quería quedarse con Saturnino, el hombre que le había protegido durante cuatro meses. Sabía lo que quería, sabía que deseaba dejar de ser huérfano y ser dueño de su propio destino así que le dijo:

-Navazo escucha, yo me quiero quedar contigo, no quiero irme ni a Suiza ni… donde… quiero quedarme contigo.
-Cómo puedo llevarte. No tengo, no puedo volver a España, no tengo un trabajo, soy futbolista, ya no sé si puedo jugar… Nos han dicho que nos mandan a Francia, no hablo francés…

“Entonces era para él era un problema. Y yo le supliqué, no sé, yo supongo que tenía que tener  los argumentos porque ya no era un niño, tenía, hablaba como un hombre, ¿no? No, no era… Tenía una mentalidad ya más adulta. Y no sé cómo, cómo  fue pero lo convencí y me dijo ‘pues mira, lo vamos a intentar. Tú cuando los americanos te preguntan cómo te llamas, tú te llamas Luis Navazo, has nacido en Madrid, calle Don Quijote 43,C uatro caminos. Recuérdate de esto’ Y así fue, cuando los americanos nos pidieron el nombre a cada uno, yo dijo ‘me llamo Luis Navazo, estoy con mi padre’ y nos dieron un papel provisional de salida.”

Toulouse, 1945.“Y así llegamos a Francia y yo durante casi 4 años he vivido con ése nombre porque no quería ser alemán, no quería pertenecer a ése, a ése pueblo, entonces me han, me han aceptado como con ese nombre, he hecho mis estudios como Luis Navazo, pero a los 14 años tenía la obligación de tener una verdadera nacionalidad y Navazo oficialmente no podía adoptarme  porque no tenía idea mi edad,  no estaba casado, en fin, era un problema. Entonces me dieron otra vez, un abogado se ocupó de buscar mi fecha de nacimiento y todo, entonces he tenido que recuperar  mi nombre, que es Siegfried Meir.”

Saturnino y Siegfried se fueron a vivir juntos a Revel, cerca de Tolouse. Tenían  toda la vida por delante y las puertas del futuro abiertas de par en par. “Estuvimos juntos unos cuatro años, él después se casó, tuvo cuatro hijos, en fin, hemos tenido que separarnos porque su mujer no tenía ningún  sentimiento hacia mí y entonces me fui.” Pero Siegfried tenía una obsesión  personal, tal y como reveló Carlos Hernández.  “Le tengo que demostrar a mi padre, a Saturnino que ha merecido la pena salvarme la vida. ¿Cómo lo voy a hacer? Haciéndome famoso. Es decir, que se sienta orgulloso de mi”. Siegfried era guapo y tenía planta de galán así que intentó convertirse en actor. Sin embargo los estudios le rechazaban por tener una mirada demasiado triste. Los ojos son el espejo del alma y nunca pueden ocultar u olvidar las miserias que han contemplado, especialmente si han visto el Infierno. Pero Siegfried aún tenía un as en la manga: sabía cantar.

Con gran valor Siegfried cambió de registro y logró hacerse un hueco en la música como cantante. Su nombre artístico era Jean Siegfried. “Cada vez que salía en televisión llamaba a Saturnino, es decir ‘esta noche voy a salir en tal programa’ y entonces Saturnino llamaba a los otros compañeros deportados porque, en casi todos los pueblos franceses donde había un deportado no había uno, había grupos.” Saturnino organizaba una reunión de deportados y juntos veían a su hijo adoptivo. “Para Siegfried ese era el orgullo, el que Saturnino pues eso, se juntara con los amigos y le viera en la televisión y dijera ‘joder, ha merecido la pena salvarle la vida a este chaval’.”

Navazo por su parte lagrado volver al futbol profesional fichando por el Union Sportive Revenoise, equipo con el que obtuvo tres años la copa regional.

Cuando la carrera de Siegfried como cantante empezó a decaer, en parte por el ascenso de otros grupos como “The Beatles”, se instaló en Ibiza y se hizo rico vendiendo antigüedades, montando restaurantes y clubs como el Club San Rafael (actual discoteca Amnesia) y co-creando Moda Adlbib. Era un todoterreno, un empresario de éxito, un visionario de los negocios.

Siegfried y Saturnino

Saturnino Navazo falleció en Revel el 27de Noviembre de 1986. Regresaba de comprar el pan, se sentó en un banco y expiró. Carlos recordó qué significo su muerte para Siegfried: “Se muere Saturnino Navazo y entonces, él me decía ‘para mi ya no tenía a nadie a quien demostrarle nada y dejé… arruinarme o sea, empecé a arruinarme, y me arruiné muy bien además, a conciencia’ porque vamos se quedó por lo visto, absolutamente sin nada.” Siegfried perdió todo su dinero jugando al poker e incluso pensó en el suicidio.

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