Siegfried Meir, el rebelde de Mauthausen

Entre 1944 y 1945 los nazis sabían que la guerra estaba casi perdida y empezaron a evacuar muchos campos de concentración. Auschwitz empezó a ser desmantelado en Enero de 1945.   “Cuando liquidan el campo que había justo al lado, que era de gitanos, los matan  a todos. Él lo cuenta como viene en el libro, cómo los veía intentar escapar por los tejados, a los gitanos y los cazaban como él dice, como a cerdos” El propio Siegfried fue seleccionado para formar parte de la “marcha de la muerte”, la evacuación de 60.000 prisioneros hacia Vladislavia y de allí hacia otros campos para intentar ocultar al mundo lo que habían hecho.

“Cuando salimos de Auschwitz fue en un tren descubierto, con nieve, con mucho frío pero el tren fue atacado por partisanos, creo que fueron yugoslavos o checos. Y entonces allí empezó la marcha andando. Y yo estaba tan, tan débil, tan… o sea, casi me iba a morir de frío y de hambre, que no… que seguramente me desvanecí”.

Siegfried se desmayó pero uno de los prisioneros se apiadó del muchacho, lo cogió en brazos y lo llevó con él hasta su destino final. “Cuando desperté, digamos, del agujero negro, ya estaba en Mauthausen.” El pequeño judío nunca supo quién le había salvado la vida. “Cuando llego al campo yo intenté saber quién me había llevado y ya no había nadie que podía responderme. Entonces yo no sé cómo llegué.” Casi todos los del convoy con los que había llegado habían muerto.

A su lado en la sala de reuniones José, quien ya era un veterano cuando Siegfried llegó al campo, recordaba ése día como si fuera ayer. “Vosotros llegasteis a Mauthausen con unos vagones sin nada. Uno encima del otro. ¡Y otros andando! Yo me acuerdo bien. No te olvides…”

Mauthausen

“Cuando llegamos a Mauthausen como en todos los campos la primera cosa que te hacen es desnudarte y quitarte los pelos de todas partes.” Cuando llegó el turno de Siegfried se enfrentó al prisionero encargado de raparle al cero:

-¡Tú imbécil no me vas a cortar el pelo. Nadie lo ha hecho hasta ahora y no vas a ser el primero!

El pequeño montó un escándalo tan grande que tuvo que venir el jefe del campo, Georg Bachmayer, con dos perros atados a cada mano, animales adiestrados para morder los genitales de los prisioneros.

-Pero ¿qué pasa aquí? ¿Qué es este escándalo? –preguntó Bachmayer.
-Éste imbécil me quiere quitar el pelo –se quejó Siegfried- No lo acepto, hasta ahora no me lo han hecho.
-Cálmate, cálmate. ¿De dónde vienes?

Entonces yo le expliqué que venía de Auschwitz, que mis padres habían muerto allí y mientras yo estaba hablando he sentido con ése hombre, no sé, algo, como una especie de, no diré de compasión pero, me pareció conmovido. Entonces me miró y me dijo ‘bueno, ya que estás aquí te vamos a dejar el pelo y te voy a confiar a la barraca de los españoles. Y yo pensaba que era una treta porque los nazis siempre te decían cosas agradables para después matarte, ¿no? Era lo habitual.” Siegfried no sabía lo que eran los españoles porque en Auschwitz no había españoles. Bachmayer llamó al prisionero nº 5656, un español llamado Saturnino Navazo que estaba al cargo del barracón español y le dijo:

-Ése chico es responsabilidad tuya. Te vas a ocupar de él y todo lo que le pase será tu responsabilidad.

“Cada vez que recuerdo esto me conmueve… Entonces me miró… Nos miramos… Yo no hablaba español. Él hablaba muy poco alemán y me dijo, todo lo que dijo, ‘bueno, bueno’ Me miró sonriéndome y no sé por qué he tenido confianza. Me cogió por la espalda… y nos fuimos. Y no sabíamos qué decir porque él tampoco no sabía lo que se esperaba de él. Era una orden del jefe de campo, no entendía ésa orden. Yo después cuando, cuando a la liberación hablé de esto con varias, varias personas, también deportados  me dijeron que el gesto ése del nazi, Bachmayer a lo mejor estaba, tenía ésa reacción porque sabía que los americanos iban  a llegar, a liberar el campo, a lo mejor quería ponerse una conciencia.”

1 “Todos los deportados en Mauthausen, sin conocerme, me conocían  porque el único niño que paseaba por el campo sin trabajar era yo.” Los sastres del campo le prepararon un uniforme azul con botones dorados, un pantalón de montar a caballo y botas; el uniforme de un bombero. Según Siegfried “era como un juguete… El nazi dio la orden de dejarme salir del campo. Yo podía ir por ejemplo a donde estaba la SS, y en las cocinas de los SS donde efectivamente podía robar salchichones, cosas, los ponía en mi pantalón para que no se vean, en fin podía navegar en el campo.”

Navazo, un burgalés de Hinojar del Rey, había sido futbolista profesional en la España de los años 30 antes de que la Guerra Civil llenara las cunetas de muertos. Antiguo centrocampista para el Deportivo Nacional, el tercer equipo de Madrid que jugaba en Segunda División, fabricó una pelota casera con papel de sacos de cemento, trapos y cuerdas. “Gracias al futbol, gracias al amor del futbol de los alemanes, cuando vieron que Navazo jugaba con una pelota que habían fabricado entre ellos, le preguntaron ‘¿Tú sabes jugar bien?’ y en fin, le pidieron organizar partidos de futbol entre todas las naciones.” Navazo fue trasladado de la cantera a las cocinas para que su arte con el balompié se mantuviera intacto. Protegido por Navazo, Meir siempre estaba detrás de él “como un perrito, tenía otro trabajo de, en la cocina, tenía que pelar patatas, yo siempre estaba detrás de él”. Cuando se tenía que disputar un partido “le hacía masajes antes de jugar, le llevaba las botas, en fin, cosas así y fuimos inseparables.”

La situación de los españoles en las etapas finales de Mauthausen era muy diferente de la de los primeros años. “Los pocos supervivientes que quedaban, como llevaban tantos años habían conseguido unos puestos clave en el campo y determinados privilegios entre comillas” puntualizó el autor Carlos Hernández. “Y uno de ellos era por ejemplo ése de poder practicar el futbol” en torneos que se celebraban los Domingos por la tarde. “Todos los españoles que entonces vivían, tenían efectivamente más fuerza, más aguante de todo lo que habían aguantado” recordó Meir,  “eran ya responsables o de una barraca o responsables de un grupo de trabajadores pero sin ser mandones, sino como responsables.”

A pesar del cruel trato de los SS los españoles siempre habían estado mejor tratados que el resto de prisioneros, tal y como reconoció Meir. “Como he venir de un campo donde se despreciaba realmente al ser humano he notado que los alemanes tenían mucho más respeto hacia los españoles que a otras naciones. No sé por qué, nunca, nunca yo he oído los mismos insultos y el mismo desprecio hacia los españoles que como los judíos, o los polacos, los rusos, en fin, era, había una especie de, y después yo lo he comentado después a la liberación con Navazo, cuando ya fue más adulto, me dijo que efectivamente eran considerados como, les tenían respeto. No les despreciaban. Y es una de las cosas que yo he notado al llegar porque las otras naciones eran realmente, totalmente despreciados, deshumanizados. Yo no he vivido las miserias de los primeros años con los españoles pero Navazo me explicó  que no eran miserias de pegar o de humillar, era solamente miserias por no tener comida, por hacer trabajos muy fuertes, subir una piedra, no sé, 300 y pico peldaños, subir, bajar, subir, bajar… Sin comida te mueres al final. Y los que sobrevivieron pues eran efectivamente los más fuertes.” Carlos Hernández añadió que aunque los españoles eran respetados, también eran asesinados sin motivo alguno: “Hubo como digo eso sí los dos períodos, el inicial que es cuando habían las ofensivas, ellos llamaban ofensivas contra los españoles y que se dedicaban a liquidar con inyecciones de gasolina… Es verdad que la mayoría de todas maneras murieron fruto de un triángulo que era hambre, el esfuerzo y las enfermedades, la falta de asistencia más que de malos tratos pero también murieron españoles gaseados en la cámara de gas, murieron torturados pero la inmensa mayoría, como ha dicho Siegfried, murieron por esas condiciones.”

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